Escrito por: Rodrigo López Vázquez (@RodrigoLVazquez)
A la madrugada del pasado miércoles, la Selección Argentina
se enfrentó al seleccionado de México en el AT&T Stadium de Arlington,
Texas. Fue el segundo ensayo para el equipo dirigido por Gerardo Martino y más
allá de haber logrado un empate casi milagroso, lo cierto es que las
conclusiones no fueron demasiado positivas. La gira termina con una victoria y
un empate y ya no habrá más pruebas de cara al inicio de las Eliminatorias para
el Mundial de Rusia 2018.
La primera mitad comenzó con la Argentina jugando al ras del
piso y buscando una salida prolija a un toque. Los dos laterales se situaron
como volantes y Mascherano se pegó a los centrales para armar una línea de 3
hombres en ataque. Rojo tuvo la primera aproximación, con una buena corrida por
la banda y un centro para Correa que terminó en un remate flojo a las manos de
Muñoz.
La Argentina se mostró paciente en los primeros 15’,
haciendo circular la pelota de lado a lado a la espera de mayores espacios. La
dinámica era óptima y todas las posiciones rotativas, salvo la de Mascherano
como mediocentro. Pero de a poco la balanza se fue inclinando: México llenó el
mediocampo y con mucho orden y tenacidad presionó para generar los primeros
problemas en el fondo celeste y blanco. Los centrales respondieron en los
primeros intentos largos a sus espaldas con veloces recuperaciones, pero de a
poco quedó evidenciado que aún faltan ajustar algunas tuercas en la fase
defensiva.
Los dirigidos por Ferreti ganaron terreno y posesión a
medida que pasaron los minutos y el partido se emparejó tras un breve dominio
albiceleste. Así llegaron dos situaciones, una por lado: Tevez lo buscó a Messi
a espaldas de los centrales y el del Barcelona remató apenas ancho ante Muñoz.
El rival tuvo su chance también, con Jiménez rompiendo por el costado tras pase
de Herrera y un disparo de Guardado dentro del área que salió apenas alto.
La labor defensiva de los de Martino era sin dudas mala:
carencia total de orden y velocidad en el repliegue, sin soluciones para evitar
que los internos y delanteros de México abran la cancha y los dejen mal
parados. Una falla que no se justifica en ese lugar común que reza “si uno es
ofensivo, asume riesgos siempre”. Un mediocampo sin volumen completó el cuadro,
dejando siempre mano a mano a los defensores y en desventaja numérica. En medio de un show de imprecisiones del lado argentino,
llegó el gol de México: un penal de índole dudosa, como mínimo debatible, pero
que Chicharito Hernández cambió por gol sin complicaciones. Al instante Herrera
volvió a ganar un rebote y dejó solo por a Jiménez que no pudo definir ante
Guzmán.
Messi empezó a retrasarse para tratar de armar juego,
síntoma de que el equipo estaba desconectado. Lo único positivo para la
Argentina llegaba cuando los tres delanteros podían asociarse entre sí,
aprovechando un poderío individual notable. Mientras tanto, Jiménez le había
sacado la patente a Otamendi y la presión y el buen juego mexicanos se
encargaron de hacer el resto. Ferreti había pensado muy bien el partido:
defendió con un 5-4-1 rígido y atacó con un 3-4-1-2 flexible.
Las individualidades salieron al rescate una vez más: Messi
jugó rápido un tiro libre con Rojo y el lateral solo ante Muñoz terminó
enviando afuera su remate cruzado en 36’. Mascherano dejó en posición ideal a
Banega dos minutos más tarde y el volante enganchó hacia el medio y disparó a
colocar haciendo temblar el travesaño. Esto no fue todo, pues gago dejó solo a
Correa con un gran pase vertical entre mil piernas, pero Muñoz atoró a la
perfección al jugador del Atlético de Madrid y evitó el empate.
Todo parecía indicar que la Argentina recuperaba el nivel de
los primeros minutos, pero un pase lateral en retroceso de Gago dejó mal a
contrapierna a toda la defensa. Hernández recibió el regalo, encaró con espacios
e inexplicablemente no pudo convertir: su violento disparo salió rozando el
parante superior.
La segunda parte tuvo a la Argentina presionando alto
nuevamente, tratando de llegar con menos pases al arco rival. Con ataques más
directos, el partido se abrió por completo y se convirtió en un intercambio de
contragolpes. Aun así, México fue el que tuvo las situaciones más claras: dos
ataques que no terminaron en gol por el mal estado de la cancha, con pases
imposibles de controlar por Guardado y Jiménez.
Martino veía como su equipo se exponía de la peor manera posible:
sin orden en ataque y en defensa, entrando en la táctica mexicana que consistió
en esperar para que los espacios terminasen de abrirse. Roncaglia realizó su
buena acción del día con un pase largo para Tevez por la banda y Carlitos
remató de primera, forzando una gran tapada de Muñoz. De a ratos la Argentina
bombardeaba el área rival, pero atrás no dejaba de sufrir: pelotazo a espaldas
de los tres centrales, pase de Chicharito para Jimenez y Guzmán desvió su
disparo con una ágil volada.
México dominaba y estaba cerca del segundo gol, mientras que
la Argentina estaba rota por completo. Los tres sectores del campo de juego a
años luz de distancia, pésima sincronización, nula dinámica y nada de juego
colectivo. Apenas un puñado de voluntades buscando empatar mediante algún
chispazo aislado. Torres-Nilo entró por Vázquez en el conjunto Azteca y Tevez
estuvo cerca de empatarlo: aguantó en la medialuna y ante la falta de opciones
sacó un derechazo que quedó en el techo del arco.
Gago habilitó a Messi frente al área, este la rebotó de
primera y Correa definió cruzado con mucha potencia. Muñoz la mandó al tiro de
esquina, pero fue importante ya que era la primera muy buena jugada de la
Argentina en todo el partido. Lamentablemente otro mal retroceso tuvo efecto:
desborde de Layún, centro para Herrera y el volante no dudó en fusilar a
Guzmán. Un 2-0 lapidario y merecido para un México que hasta allí había sido
mucho mejor. Rafa Márquez casi pone su nombre en el marcador aprovechando el
descontrol argentino, pero su disparo dentro del área fue tapado por Guzmán en
el primer palo. Los cinco cambios introducidos por Martino fueron agua en el
desierto: Agüero por Tevez, Pereyra por Gago, Kranevitter por Demichelis y
Lavezzi por Correa. Mascherano pasó a ser central y entre Lavezzi y Agüero
lograron cambiar al menos la actitud de la Argentina. Más allá de esto, a los
36’ los de Martino estaban acorralados y nada hacía pensar que siquiera el
descuento era posible.
Pero un error de Muñoz en una pelota larga de Messi fue
aprovechado por Lavezzi, que le ganó en velocidad y dejó solo a Agüero frente
al arco para un 1-2 extraño. Ferreti mandó a la cancha a Vela para tener la
pelota y a Alanis para cerrar la defensa, pero el sub-campeón del mundo logró
empatarlo: Agüero habilitó exquisitamente a Messi, que controló y sin pensarlo
dos veces sacó un bombazo cruzado para poner el 2-2. Lavezzi tuvo la última con
un disparo a colocar desde el vértice del área que Muñoz envió al córner con
una tapada impresionante. El partido terminó y las conclusiones son las de
siempre: mala coordinación en la defensa, un equipo que no logra mantenerse
conectado todo el partido, pésimo retroceso, excesivos baches colectivos e
individuales y un ataque voraz, poderoso y desorganizado. Yendo con la cabeza
agachada sin parar, la Argentina lo pudo empatar en el peor momento y
dependiendo de sus grandes talentos. Agüero volvió a ser determinante, la sociedad Tévez-Messi funcionó a cuentagotas y quedó claro que un estilo de juego es algo imperante para no seguir repitiendo el
círculo vicioso que comenzó con la salida de Pekerman en 2006.
Síntesis:
Argentina:
Guzmán; Roncaglia, Martín Demichelis (Kranevitter), Nicolás Otamendi, Marcos Rojo
(Más); Fernando Gago (Pereyra), Javier Mascherano; Ever Banega; Lionel Messi,
Carlos Tevez (Agüero) y Ángel Correa (Lavezzi).
México: Muñoz; I.
Jiménez, Moreno, Rafa Márquez (Alanis), Reyes, Miguel Layún; Herrera (Dueñas),
Vázquez, Guardado; Javier Hernández (Carlos Vela) y Raúl Jiménez.
Estadio: AT&T
Stadium; Arlington, Texas.
Árbitro: Ricardo
Salazar (EEUU).


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