Escrito por Rodrigo López Vázquez (@RodrigoLVazquez)
Hace una semana y en medio de varios nubarrones tras una derrota contra Ecuador en el Monumental y un tibio empate como visitante contra Paraguay - ambos con el mal juego como denominador común- la Argentina recibió a Brasil en busca del juego perdido. Más allá de que era, y es, imperante encontrar continuidad en la idea de juego que pretende ver en cancha el entrenador Gerardo Martino, los jugadores argentinos tenían la oportunidad de revertir la mala imagen dejada en las fechas iniciales. Sin Messi ni Agüero ni Tevez, el equipo iba a tener que estar concentrado durante los 90 minutos si quería vencer a su clásico rival que también llegaba con más urgencias que sonrisas a pesar de su victoria tranquila ante una flojísima Venezuela en la jornada anterior.
El partido comenzó con mucho vértigo y orden de parte de la Argentina. En la primera jugada, Di María encontró a Higuaín dentro del área pero el delantero no pudo girar ante un sólido David Luiz. Los dos equipos salieron dispuestos a dejar en claro sus estilos y luego medirse hasta que los espacios aflorasen. Neymar no tenía marca personal y la idea de Martino era que los tres volantes y Di María presionasen en el medio constantemente para poder ganar la segunda pelota y salir con mucha velocidad por los costados.
La primera jugada de riesgo llegó de la mano del actor menos pensado - por su mala labor contra Ecuador-: Di María recibió cerca del círculo central, jugó profundo con Roncaglia que trepó por la banda a toda velocidad y sacó un bombazo impresionante que estuvo cerca de metérsele por detrás a Allison. El portero de Brasil respondió con un salto y un manotazo a puro reflejo, el rebote fue capturado por Lavezzi que tocó atrás con Higuaín pero el nueve demasiado marcado no pudo ganar la posición y la jugada se perdió por la línea de fondo.
La Argentina estaba mostrando su mejor cara en varios partidos, presionando alto sin parar con mucha decisión y aplicación táctica, y con una transición al ataque tan precisa como veloz. Di María no se quedó demasiado tiempo sobre la banda, como de costumbre, y se juntó con Banega en el centro de la cancha para armar juego, dejando a Lavezzi y a Higuaín como delanteros. El Fideo volvió a ser protagonista: dejó parado a Filipe Luis, enganchó hacia afuera y sacó un muy buen centro que cruzó el área chica quedando el Pipita a milímetros de poder empujarla a la red.
Brasil estaba sin dudas incómodo, pero Dunga podía sacar algunas buenas conclusiones parciales: no perdió la calma y siempre trato de salir desde su arquero sin regalar la pelota. Neymar seguía suelto en tres cuartos de cancha pero sin poder todavía entrar en juego. El primer acercamiento de Brasil llegó con una buena jugada del astro del Barcelona que dejó sin respuesta a Biglia con uno de sus clásicos regates, tocó con Lima, este abrió con Willian y llegaron a despejar su centro picante con lo justo. El contragolpe fue otra situación propicia para la Argentina, pero Di María jugó mal una pelota larga con Lavezzi y los de Dunga respiraron hondo para luego salir jugando una vez más.
Brasil empezó a buscar el orden basándose en la posesión y la Argentina hacía varios minutos que esperaba con la líneas bien juntas en el mediocampo para poder contragolpear con intensidad y velocidad. El resultado eran este tipo de jugadas: Roncaglia presionó arriba a Neymar, tocó con Biglia, el volante central jugó a un toque con Banega y el del Sevilla no encontró pase para Higuaín y fue comido por dos rivales.
Luego de que Neymar quedase tocado tras un pisotón de Roncaglia - peaje por un par de lujos- Willian rompió a pura habilidad por la banda y centró con mucha precisión para convertir a Otamendi en el salvador de la Argentina. El dominio del local era claro, pero Brasil de a poco se había ido apoderando de la pelota y acercándose con un poco más de peligro. Di María era la figura rutilante de la Argentina, muy activo en la fase defensiva y juntándose con Banega para armar juego y conformando de a ratos un doble enganche particular pero eficaz y vistoso.
Con las posiciones rotando en todo el campo de juego, los dos centrales jugando como volantes centrales y los laterales sumándose al ataque con precisión y peligro - y también sorpresivamente sólidos en el retroceso- el equipo de Martino había completado unos muy buenos primeros 20' de partido. Mascherano era el factor que inclinaba la balanza en contra, jugando muy mal y sin poder ser ni contención ni salida, pero el bache que dejaba en el medio era cubierto por un buen trabajo de los volantes y delanteros para cubrirlo.
La iniciativa era toda de la Argentina, que lastimaba con llegadas en velocidad y sin demasiado traslado, usando muy bien las bandas con los tándems Roncalgia-Di María y Lavezzi-Rojo. Los de Dunga tenían la pelota pero estaban demasiado retrasados y sometidos por un contrincante que era mucho más. Lavezzi llegó al fondo y su buen centro por lo bajo fue cortado por Luis antes de que complicase más las cosas.
La respuesta llegó con una buena combinación entre Alves y Willian en vértigo que Rojo terminó con un quite muy preciso dentro del área. Roncaglia volvió a ganar por su costado y lanzó un pase atrás para Lavezzi que no llegó a destino por la buena labor de Filipe Luis, que con reflejos puso la cabeza y desvió lo justo y necesario la trayectoria del balón. Martino miraba nervioso pero con tranquilidad, porque las cosas salían bien: Higuaín-Biglia-Banega-Di María-Banega, todo a un toque, y el enganche no abrió para Roncaglia que picaba solo, pero remató con mucha potencia y colocación y estuvo cerca de romper el cero.
El partido ya era uno de ida y vuelta, intensidad absoluta de parte de los dos, bien cerrados cuando el otro tenía la pelota y avanzaba y desplegados como un acordeón cuando había que devolver el golpe. El predominio en este duelo de equipos veloces, anchos y concretos lo seguía teniendo la Argentina que empujaba sin parar pero con el agregado de que lo hacía con paciencia, triangulando y armando cada jugada con inteligencia y sin el apuro habitual.
Dunga estaba fastidioso, pero sus mediapuntas llegaban con facilidad a zona de golpeo y abrían la cancha con aún menores complicaciones, por lo que el panorama seguía siendo incierto ¿Oliveira? Ausente sin aviso en un partido que desde que se anunció no era para él pero vaya uno a saber porqué fue colocado en lugar de Douglas Costa. Pero la calma se terminó, porque luego de un buen centro de Filipe Luis que Romero atenazó con seguridad ante la llegada de Oliveira, llegó el estallido: Di María encaró por el medio, esperó al momento justo y abrió con Higuaín que desbordó ante su marcador y tiró un centro perfecto para que Lavezzi solo deba empujarla y poner el muy merecido 1-0.
Si pensaban que esto liquidaría los ánimos de Brasil, sin dudas que estaban equivocados. Al instante, Willian avisó dos veces: primero con un desborde y un centro fallido y luego con un mano a mano que Romero le sacó con mucho timing en la salida. El volante exterior del Chelsea siguió con su show y le puso una pelota fantástica en la cabeza a David Luiz, pero el impacto del defensor no tuvo la suerte necesaria y terminó saliendo al lado del palo. En la jugada siguiente, Lima tomó la lanza y ganó por el costado para sacar un centro bajo que Rojo despejó ante la entrada de Oliveira. Brasil terminaba el primer tiempo con la pelota, las mejores situaciones y mucho más aplomo que una Argentina que tras el gol se desorganizó, entregó terreno y posesión, y terminó pidiendo el final del primer tiempo.
Los segundos 45' iniciaron con un Brasil mucho más adelantado y decidido a encontrar el empate con velocidad. La Argentina mantuvo la presión alta a pesar del desgaste y la baja de nivel general, pero ahora la defensa sufría horrores con las subidas de Luis y Alves y un Neymar muy activo. El del Barcelona estuvo cerca de marcar, pero su disparo cruzado salió apenas ancho para tranquilidad de Romero. Funes Mori sacudió un poco el avispero tomando la lanza y abriendo cerca del área para Banega, cuyo centro para el Pipita fue bloqueado por Filipe Luis sin problemas.
El trabajo de marca del equipo de Martino era bueno, pero ya se empezaban a ver los desacoples tan dañinos como previsibles a la hora de retroceder. Más allá de que la idea del entrenador implica correr riesgos, por lo general las coberturas deben ser buenas porque una cosa es arriesgar y otra suicidarse. Dunga vió esto y mandó a la cancha a Douglas Costa tras haberle regalado un jugador a la Argentina por más de un tiempo con la presencia de Oliveira.
Brasil se sentía con el dominio de las acciones y atacaba sin parar y sin ideas, pero con mucho corazón e ímpetu. La Argentina hacía rato había decidido que lo mejor era esperar y salir de contragolpe tratando de aprovechar los espacios que en teoría deberían surgir. Y de tanto golpear la puerta, la canarinha terminó por derribarla: Costa jugó con Neymar y pasó por su costado, el diez la cambió con mucha precisión y elegancia para Dani Alves que casi de primera habilitó a Costa por detrás de toda la defensa argentina. El del Bayern Munich cabeceó muy bien pero la pelota dió en el travesaño y Lucas Lima tomó el rebote y fusiló a Romero con un disparo rasante a quemarropa para silenciar a un estadio entero y decretar el 1-1.
Di María lideró la reacción con un tiro libre rápido para Otamendi, que bajó la pelota muy bien hacia el área chica y Luiz de palomita la mandó al córner para evitar mayores complicaciones. De contragolpe sin dudas que la Argentina lastimaba, pero estos eran cada vez más esporádicos y la pelota la tenía Brasil que lucía con mayor resto físico y mental. Renato Augusto tomó el lugar de Lucas Lima y Dunga configuró un 4-3-3 inaudito en él que tenía un mensaje claro: salía a ganarlo sin contemplaciones ni mezquindades.
Fue una vez más Di María el que llevó peligro a los dominios de Allison, con un regate de pie a pie y un slalom genial que dejaron parados a tres rivales pero su centro para Lavezzi fue interceptado por el portero. El portador de la número diez estaba haciendo todo bien, un partido fenomenal por donde se lo mire, pero ya estaba agotado porque debía bajar demasiado para cubrir la infinidad de huecos que había en el mediocampo. El empuje sin ideas ni pausa ni precisión de la Argentina pedía un par de cambios y estos fueron llegando. Tarde pero seguro: Gaitán entró por Lavezzi en un cambio raro porque todavía tenía combustible el del PSG. El Tata apostaba a recuperar la pelota y al mismo tiempo a renovar piernas en la fase ofensiva.
Brasil asustó de nuevo con un disparo de Elías tras una sucesión de rebotes cerca del área que salió cerca del travesaño. En la jugad posterior, Willian con un amago impresionate dejó parados a Gaitán y a Rojo, pasó entre los dos y sacó un remate cruzado inatajable que fue interceptado por Funes Mori en una barrida milagrosa jugándose el cuerpo entero. La selección argentina era ya desde hace varios minutos un conjunto comprometido de individualidades que chocaban sin parar buscando resolver cada jugada sin ayuda del resto de sus compañeros.
El buen trabajo de presión de los brasileños rendía frutos, pero siempre hay alguna grieta por donde escabullirse: Banega ganó en el medio, abrió con Rojo y el lateral tiró un centro picante que el Pipita Higuaín no pudo empujar otra vez. David Luiz sumó a la confusión y se llevó la pelota puesta, quedando cerca de meter un gol en contra que habría sido desopilante de no haber reaccionado con aplomo el arquero Allison. Luego de un remate de un punzante Douglas Costa que terminó en manos de Romero, el partido entró en sus diez minutos finales.
Martino agotó los cambios, ahora más que tarde, pero buscando tener la pelota y sumar gente en ataque con Lamela y Dybala en lugar de Banega e Higuaín. El error del entrenador estuvo en sacar al delantero de referencia y en poner en su lugar a un jugador que en Instituto, el Palermo y la Juventus siempre fue un mediapunta o exterior en compañía de un centrodelantero.
Mascherano hizo su buena acción del día y abrió con el recién ingresado Dybala, que desbordó a pura electricidad y centró muy bien para que nadie llegue por el medio a empujar la pelota. De ir con tantas ganas, el equipo nacional estuvo muy cerca de llevarse los tres puntos: Biglia aprovechó la espalda de los centrales con un envío frontal y Rojo ganó aunque sin la puntería suficiente como para convertir el segundo gol. Mientras Dunga todavía se secaba el sudor de la frente tras ver como el balón salía rozando el parante, David Luiz hizo una de las suyas y se ganó la roja tras un pisotón innecesario a Biglia yendo al piso luego de anticipar bien pero salir excesivamente en largo.
Gil ingresó por Willian para rearmar la defensa y la Argentina siguió atacando con el entusiasmo de los recién llegados y el cansancio de los que venían corriendo sin parar desde el primer minuto. Sin más que eso, Dybala volvió a llegar hasta el fondo, tocó atrás con Rojo y el del Manchester United remató con mucha potencia y destino de gol. Un rival se interpuso en el camino y desvió la pelota levemente, salvando a Brasil de una derrota que no habría sido merecida. El partido de a poco se fue apagando definitivamente en juego y entrando en el juego brusco y la calentura que nunca sirven para nada. Un empate que le quedó bien a los dos, pero siendo la Argentina la que se fue con el sabor amargo luego de haber tenido unos primeros 30' de lujo que no terminaron sirviendo para mucho. Una mejoría sin duda alguna respecto de los partidos anteriores, pero que no estuvo exenta de los vicios de siempre. El apuro y el vértigo volvieron a ganarle a la posesión y la elaboración inteligentes, una tendencia preocupante que Gerardo Martino deberá revertir con urgencia si es que quiere que su idea de juego se consolide en el corto plazo.
Síntesis:
Argentina: Romero; Rojo, Funes Mori, Otamendi, Roncaglia; Biglia, Mascherano; Banega (Lamela); Lavezzi (Gaitán), Higuaín (Dybala) y Di María.
Brasil: Allison; Dani Alves, Miranda, David Luiz, Filipe Luis; Luiz Gustavo, Elías; Willian (Gil), Lucas Lima (Augusto), Neymar; Oliveira (Douglas Costa).
Goles: Lavezzi (ARG); Lucas Lima (BRA).
Árbitro: Antonio Árias.
Estadio: Monumental (Argentina).







